TAUROMAQUIA
Las corridas de toros son un resquicio brutal de la incultura y barbarie de otros tiempos. Nacidas como entretenimiento militar bajo el mandato absolutista de Fernando VII, progresivamente fueron calando como manera de desahogo de las frustraciones: El animal se convertía en la víctima propiciatoria en la que descargar toda la vileza y agresividad humana.
El coste de este tipo de prácticas y sus derivaciones (encierros, toros embolados, etc. ) representa para los contribuyentes un desembolso de miles de millones. El número de seguidores es tan escaso que no basta para sufragar todos los gastos, por lo que para su mantenimiento es necesario el apoyo gubernamental. La mayoría de plazas de toros en este país son deficitarias, y somos los contribuyentes los que debemos cubrir este déficit. Los festejos taurinos (sin contar las corridas), suponen unos 500 millones de euros.
LA TORTURA
El toro es un animal herbívoro y por tanto pacífico, sólo a base de castigos y manipulaciones se consigue alterar su naturaleza tranquila. En la plaza el toro lo único que busca es la huída, y sus ataques son intentos desesperados de escapar.
Antes de que el toro salga al ruedo ya dan comienzo las torturas, siendo en algunos casos habituales las siguientes prácticas: se les recortan los cuernos (“afeitado”), privándoles de su única defensa , les dan palizas golpeándolos con sacos de arena o palos para disminuir su fuerza, les untan los ojos con vaselina para disminuir su visión, les hacen cortes en las pezuñas , untándolos después con aguarrás; les introducen algodón en la nariz para dificultar su respiración, les suministran laxantes para debilitarlos. Todas estas prácticas están prohibidas, pero permanecen ocultas al no realizarse a la vista del público, siendo no obstante confirmadas por algunos veterinarios.
En este debilitado estado el toro tiene que salir del toril al ruedo, tras pasar cerca de 24 hora a oscuras dentro del mismo, donde tiene lugar la parte más cruenta:
En el momento de salir se le clava la “divisa” para que salga disparado por el dolor.
Posteriormente el picador introduce una puya que penetra hasta 25 cm, , realizando movimientos para desgarrar y horadar la carne del animal, provocándole intensas hemorragias y la rotura de los músculos del cuello y lomo.
Debido a la gran pérdida de sangre el toro padece una sed insoportable que en ocasiones hace que en un intento desesperado de beber llegue a lamer su propia sangre.
Las banderillas -afilados arpones de unos 6 cm. de longitud que se le clavan en el lomo- tienen la función de seguir cortando la carne del animal y evitar que se corte la hemorragia causada por la puya, y de esta forma seguir debilitándolo. El estoque penetra 45 cm. seccionando vasos sanguíneos vitales, lo que produce una hemorragia interna masiva, que no se percibe desde el exterior pero que supone una infernal agonía al animal, y perforando los pulmones, en muy raras ocasiones el matarife de turno acierta a traspasar el corazón. En el mejor de los casos este será el final del sufrimiento del animal. Por desgracia , con frecuencia los matadores fallan sus estocadas, teniendo que repetir una y otra vez la introducción del estoque.No es infrecuente escuchar que el animal ha recibido 10 estocadas o más, o que incluso el matador no ha podido terminar con la vida del toro.
Cuando ni aún así muere, se recurre a la puntilla -cuchillo que secciona la médula espinal- y deja al animal paralizado pero consciente, o sea vivo .Finalmente como trofeos para los matadores se cortan las orejas y/o rabo del animal que aún puede estar agonizando, estado en el que posteriormente entra en el desolladero.
No hay que olvidar los festejos populares en que se emplean animales -fundamentalmente toros o vaquillas - que suponen una fuente importante de ingresos para los ganaderos, al vender aquellos animales que no se consideran aptos para las corridas. Algunos de estos festejos son:
El dominio por la fuerza y la humillación de un ser indefenso en ningún caso se puede considerar cultura, sino que constituye un homenaje a la peor crueldad humana que es hacer del dolor una fiesta.
La inmensa mayoría de la población, es contraria a las corridas de toros y sus derivaciones .Es responsabilidad de todos el actuar para acabar con esta barbarie que pagamos todos y que sólo sirve para enriquecer a unos pocos y perpetuar un modelo de dominación del hombre sobre el animal.










































