CAZA Y PESCA

 

De todas las formas de explotación a las que el ser humano somete a los animales, quizá la peor sea matar por diversión.

 

A mediados de octubre empieza la temporada de caza, y alrededor de un millón de escopetas en el estado español salen a disparar sobre todo tipo de animales inocentes, -no importa si son o no de especies protegidas-, que no les han hecho nada.

 

Los 250 millones de cartuchos que se disparan cada temporada dejan en el campo más de 5.000 toneladas de plomo, dejando en entredicho el manido argumento ecologista de los cazadores.

 

Son las nuevas cacerías que traen a conocidos dirigentes mundiales, aristócratas, toreros, banqueros o cracks del deporte a nuevos escenarios de poder bastante insospechados, como fincas y cotos de Albacete, Ciudad Real, Cáceres o Toledo, cada año visitadas por algún miembro de la realeza e incluso representantes de Medio Ambiente de la Unión europea .

 

Estas cacerías sociales son, sin embargo, celebradas a espaldas de la prensa, pues curiosamente en un país donde la tortura de los toros es la "fiesta nacional", la afición cinegética sigue sin estar socialmente bien vista.

 

La pasión por la caza de Juan Carlos I, desató un escándalo social sin precentes el pasado mes de octubre en Rumanía, donde el monarca abatió durante unas sangrientas jornadas a varios osos de una especie protegida. Las imágenes de los animales y sus crías desorientadas sobre los cadáveres de sus madres fueron silenciadas por los medios de comunicación españoles. El ejemplo fué seguido pocos días después por dos conocidos deportistas de élite.

 

Lo cierto es que la caza mueve al año millones de euros de beneficio y genera miles de puestos de trabajo. Pero en muchas ocasiones, las actividades que generan beneficios económicos son inversamente proporcionales a la ética....

 

La caza y la pesca no pueden ser considerados un deporte pues los animales no participan voluntariamente ni están en igualdad de condiciones. Los deportes no deben comportar derramamiento de sangre ni muerte.

 

El hecho de que cazar y pescar se practique desde siempre no quiere decir que sea moralmente bueno, no todo lo que lleva haciendo el hombre durante siglos lo es.

 

La caza supone la muerte gratuita de miles de animales. Además, muchos de ellos no mueren al momento y vagan malheridos durante días. Los cazadores, aunque lo nieguen, siguen utilizando métodos prohibidos para cazar o librarse de los que ellos llaman alimañas: cepos y venenos llenan los cotos de caza y provocan lentas y dolorosas muertes a todo tipo de animales.

 

LAS RAZONES DE LOS CAZADORES

Una de las razones que aducen hoy en día los cazadores para continuar con su actividad es que existe la llamada caza de subsistencia, un argumento falso que no es posible creer. Lejanos quedan los tiempos en los que el hambre, un hambre real en este país, llevaba a muchas personas a salir al monte con la intención de cobrar alguna pieza que llevar al puchero y dar de comer a sus hijos famélicos, y ya en aquel entonces, existían los señoritos, dueños de grandes fincas algunos y de considerable poder adquisitivo la mayoría o capaces de tener influencias en determinados sectores, rodeados de serviles oportunistas, que practicaban la caza como diversión al tiempo que aprovechaban para establecer relaciones sociales con los estamentos que les interesaban y para cerrar negocios. Hoy en día en la caza está presente desde el personaje con dinero que llega a pagar 6.000 euros por un puesto de caza mayor durante un solo día hasta el más común, aquel que perfectamente pertrechado sube al monte con su todoterreno (cuyas emisiones nocivas, por cierto, superan los 200 gr. de CO2/km.) y disfruta pegando tiros a los animales para luego, con sus compañeros de hazañas, hacerse la fotografía junto a los cadáveres de sus víctimas e irse a comer todos juntos a un restaurante, mientras los muertos son enviados a una empresa encargada de “gestionar ese tipo de residuos”, como se hace en los campeonatos de caza de raposos (zorros) en Galicia. ¿Caza de subsistencia o diversión basada en “quién mata más”?

 

También hablan del control de especies, de que su actividad es necesaria para regular las poblaciones de animales pero, si fuera así, ¿alguien puede explicarse porque cuando en determinada zona una “variedad cinegética” escasea ellos se encargan de repoblarla? ¿Lo que les mueve es ese tan cacareado deseo de lograr un equilibrio, o lo que quieren son blancos vivos para poder dispararles? También hay que tener presente que si en ocasiones los animales rondan zonas pobladas es porque poco a poco vamos acabando, debido a la caza, con los animales de los que se alimentan, y porque les vamos recortando y limitando su hábitat natural. Ahí están los llamados "vallados cinegéticos", que crecen de forma lamentable, ponen fronteras dentro de los montes sin ningún tipo de criterio medioambiental y suponen una verdadera sentencia de muerte para los animales de muchas especies, sobre todo de caza mayor, cuya extensión para procurarse alimento se ve reducida de forma drástica afectando este hecho a toda la fauna de la zona. Con razón en el ámbito de la caza defensor de este tipo de cárceles de la Naturaleza se refieren a estos animales como a “reses”.

LOS PERROS DE LOS CAZADORES

Los perros de los cazadores son las otras grandes víctimas de su pasión por matar. Desde su selección hasta su entrenamiento, pasando por su transporte hacinados y su utilización en la propia caza, como perros de acoso, de agarre, de busca o de enfrentamiento directo con la presa, se somete a estos animales a un altísimo grado de sufrimiento, con gran número de casos con resultado de heridas insuperables y la muerte tras una dolorosa agonía. Muchos caen en la propias trampas de caza y otros, como ocurre de forma especial con los galgos, son desechados por sus dueños una vez que no son válidos para cazar. Utilizan diferentes métodos para acabar con ellos: el abandono, un disparo, el ahogamiento, el ahorcamiento, el apaleamiento… Toda una serie de atrocidades para librarse de una “herramienta” ya innecesaria. En España mueren al año entre 50.000 y 100.000 galgos en la mayoría de los casos a manos de sus dueños, ya que un galguero cría una media de 15 galgos al año y “elimina” el mismo número de ejemplares.

 

CONCLUSIONES

Ante este amargo panorama que aquí queda perfilado de forma muy resumida, sólo nos resta seguir trabajando y esforzándonos por dar a conocer una realidad sangrante. Porque cada minuto que pasa mueren más de cincuenta animales de una forma u otra a manos de los cazadores en nuestro país, y las personas sensibles, que son las más, llegará un instante en el que no podrán consentir que la diversión de unos cuantos pase por la mutilación, la agonía y la muerte de otros muchos. Las disculpas de los cazadores, que jamás argumentos, son ya razones vacías de sentido a los ojos de la mayoría. Por algo las licencias de caza van disminuyendo, y poco a poco su entretenimiento y sus justificaciones formarán parte del atroz repertorio de excusas con las que a lo largo de la historia algunos seres crueles, egoístas y energúmenos han tratado de erigirse en dueños de la vida y de la muerte de otros, exactamente igual que los cazadores, individuos para los que acabar con vidas es un divertido privilegio que no quieren perder.

 

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