TRÁFICO DE ANIMALES DE COMPAÑÍA

No todos los animales que se pueden comprar en tiendas provienen de criaderos españoles. Muchos, quizás la mayoría, provienen de los países de Europa del Este, y llegan a nuestro país en camiones, hacinados, exhaustos, sin agua ni comida, después de 40 horas de viaje. Lo cierto es que la mayoría no llegan con vida.
Uno de cada 10 perros de raza padece de enfermedades incubadas desde la cría: ceguera progresiva, displasia y otras, que llevan al dueño a afrontar gastos de quirófano por más de 1.000 euros.
Muchos mueren antes en el traslado desde países del este: Hungría, Eslovaquia, Chequia... Aquí la producción de mascotas es descomunal. Hembras encerradas de por vida preñadas, tratadas como máquinas de reproducción. Cruces entre miembros de una misma familia, lo que provoca una deformación genética en estas razas de moda. Debido a la alta mortalidad, su valor aumenta.
Es un negocio donde pocos se benefician, mientras que muchos animales se consumen día a día en su lenta agonía, y solo unos pocos mueren disfrutando unos meses del cariño de una familia; claro que, para ello, necesitan hacer un trasporte de más de 3.000 km., a oscuras y hacinados. La mayoría muere en el viaje. A los vivos les espera una vitrina donde solo si los compran en breve, podrán ser tratados a tiempo.
El tráfico de animales exóticos genera tanto dinero que va justo por detrás en volumen de negocio a del tráfico de drogas y el de armas. Miles de animales son arrancados de su hábitat y transportados en condiciones dantescas (jaulas diminutas o cajas cerradas) hacia Europa, donde serán adquiridos por capricho. Iguanas, serpientes y todo tipo de aves, pasarán de las selvas tropicales de donde nunca debieron salir, a una vida miserable en terrarios y jaulas. Los que adquieren estos animales, además de contribuir a mantener un más que sucio negocio, acabarán abandonándolos.
En cualquier caso, sea de captura, fruto de la caza o de criadero, sólo es éticamente aceptable convivir con perros y gatos, siempre con la excepción que si se tratase de otra especie, sea este un individuo recuperado de un maltrato, como por ejemplo gallinas que fueron dejadas por algún criadero, o caballos que hubieron sido ejecutados por “dejar de servir” para algún deporte.










































